Fernando Pessoa nasce a Lisbona il 13 giugno del 1888. Nel gennaio 1896 segue la madre in Sudafrica, dove completerà il suo percorso di studi all’Università del Capo di Buona Speranza. Si nutre, durante la sua adolescenza, prevalentemente di letteratura inglese. Nel 1901 durante la sua villeggiatura in Portogallo inizia a scrivere in portoghese. Nel mese di luglio pubblica su un giornale di Lisbona la sua prima poesia. Nel 1904 si vede costretto per ragioni burocratiche a rinunciare a una borsa di studio per frequentare l’Università di Oxford o Cambridge. Nel 1905 torna da solo definitivamente a Lisbona, dove si iscrive alla facoltà di Lettere, andando a vivere in casa della zia Anica. Da questo momento Pessoa non si allontanerà più da Lisbona, che diventa vero paradigma letterario e immaginario. Lisbona si identifica con Pessoa, come Praga con Kafka e Dublino con Joyce. Per ragioni di salute non seguirà gli studi accademici e si dedicherà in maniera autonoma a letture intense di autori europei. È un ottimo conoscitore, in particolare, anche della letteratura italiana. Dal 1910 ormai è deciso a fare della sua vita un’unica totalizzante adesione alla sua vocazione letteraria. Negli anni seguenti pubblica su alcune riviste portoghesi sue poesie, mentre va elaborando una sua personale poetica che sarà originalissima e che caratterizzerà tutta la sua produzione letteraria.
È nel 1914 che si ha la svolta straordinaria nella creazione artistica di Pessoa. Nascono gli eteronimi: i poeti Alberto Caeiro, Álvaro de Campos e Ricardo Reis, che insieme a Pessoa “sé stesso”, danno origine ad una produzione letteraria sconcertante e innovativa. Non siamo in presenza di pseudonimi, ma di veri e propri autori, potremo dire in carne ed ossa. Forniti di vita propria autonoma (una biografia intensa e varia) entrano sulla scena letteraria con contributi personali originali. È la rottura dell’unità psichica dell’autore, è l’esaltazione della molteplicità e ricchezza dell’ ispirazione poetica. Attraverso questi eteronomi indicati (e più altri, a volte solo abbozzati) Pessoa si dà ad una produzione poetica molto variegata, legata al modernismo, ma certamente fuori da schemi e conformismi. Sembra che nei suoi autori si concentrino le più significative correnti poetiche e letterarie del passato.
Intanto la sua prosa comincia a produrre quei frammenti e appunti che andranno a costituire quel meraviglioso non-libro che è Il libro dell’inquietudine, che però non viene affidato ad un vero eteronimo ma a un autore che è molto vicino alla sua personalità. Si chiama Bernardo Soares: è un semieteronimo e interpreta una parte della psiche di Pessoa. Così viene intitolata l’opera: Il libro dell’inquietudine, composto da Bernardo Soares, aiuto contabile nella città di Lisbona. La vita di Pessoa a Lisbona è tutta dentro al dibattito politico culturale portoghese. La morte lo sorprende il 29 novembre del 1935, e dopo la sua sepoltura nella tomba di famiglia a Lisbona nel Cimitero dei Piaceri, il suo corpo viene traslato nel 1985 presso il Monastero dei Geronimi, il tempio dove sono conservati le spoglie dei grandi del Portogallo: sulla lapide accanto al suo nome appaiono i nomi dei suoi inseparabili amici, gli eteronimi insieme ai quali è diventato il caso letterario del XX secolo unico ed eclatante.
Per cogliere appieno la poetica di Pessoa riporto alcuni suoi versi, che sono in epigrafe alla pubblicazione della sua opera Il libro dell’inquietudine nella pubblicazione della Newton Compton editori del 2006 con la traduzione di Piero Ceccucci e Orietta Abbati.
Il poeta è un fingitore /finge così totalmente /da fingere che è dolore / il dolore che davvero sente.
(Pessoa, Autopsicografia)
Hay dos formas de soledad: la no deseada y la soledad por elección. En mi novela Un lugar en el caos(ExLibric, 2024) el enfrentamiento entre el analista y el paciente, este último, en un exceso de polémica, hablando de la vejez, representa en manera rotunda que es propio en este periodo de la vida que aparece una soledad no deseada muy grave: “¿Dónde están los nietos a medida que crecen y los abuelos se ponen más viejos? La realidad es que los jóvenes evitan la vejez. Los viejos son feos de ver y resulta engorroso frecuentarlos. Los viejos tienen manías, obsesiones, siempre tienen que decir algo, y nunca ese algo es bueno. Por tanto, mejor evitarlos” (pág. 114).
La soledad no deseada es antes de todo aislamiento físico. Estás a solas, sin ver por largos días a alguien, sin intercambiarse con un amigo palabras aun sencillas. La soledad no deseada se nutre también con un sentimiento de exclusión y marginación. En el enfrentamiento analítico el paciente así describe un lugar que aparentemente quiere luchar contra la soledad de los ancianos: “La residencia de ancianos es un campo de concentración de decrepitud, de sufrimiento, de debilidad física y mental” (pág.112). La soledad no deseada comparece también en la vida de la pareja. Parece imposible que en la pareja hay la soledad, considerado que tiene una vida diaria junta. Todavía es propio así. Son dos mundos los de la pareja que a menudo se encuentran con muchas dificultades. También en la novela El perro viaja conmigo(ExLibric, 2024) este asunto de la soledad en la pareja está tratado. “Cruzar los deseos sexuales no es posible porque los mundos de sueños y fantasías eróticas de cada uno son impenetrables, puede que ni nosotros mismos conozcamos cuáles son. Por eso el logro del placer en el acto sexual es individual y cada amante queda solo consigo mismo” (pág. 64). Pero aún más preocupante es la soledad cuando la pareja envejece. La vida se pone como forzosa y los sentimientos más insoportables sustituyen los de amor y atracción sexual. Esta condición de sufrimiento es así descrita en la novela Un lugar en el caos, a página 118: “De la indiferencia a la insoportable presencia del otro, que muchas veces se transforma en aversión, cuando no en odio. La pareja así es un lugar de soledad, en vez de ser compañía y amistad.”
La soledad no deseada no es sólo un problema individual, privado, que concierne la vida de cada uno de nosotros en unos momentos de nuestra vida. Se trata de un verdadero desafío social, al que el Estado y las instituciones públicas tienen la responsabilidad de dar respuesta. La pérdida del empleo, la migración son condiciones que determinan sentimientos de malestar, que impactan en la salud mental y que provocan fuertes percepciones de aislamiento. Es la soledad de los que vemos como envueltos en una burbuja aislante y que viven por las calles, durmiendo en lugares improvisados como estaciones de tren o paradas de autobús.
En El perro viaja conmigo examino la condición de estos marginados después de encontrarme con un hombre de edad madura que daba vueltas con un perro a lo largo de senderos de Charco del Palo a Lanzarote. “De repente habría querido apartarme, pero luego pensé que no era correcto ignorar a un ser humano, como hoy ocurre con todos los marginados que no tienen voz ni palabras, ignorados, hasta que estallan. A menudo son trastornados, guardan silencio en su burbuja de invisibilidad. Se cubren la cabeza con una capucha hasta los ojos. Rebuscan furtivamente en los contenedores de basura, indigentes avergonzados con su carrito de la compra buscando comida. Los llamarías náufragos invisibles, fantasmas que habitan puentes, paradas y estaciones del metro, sin que los vemos” (pág. 97/98).
Sin embargo existe una soledad deseada, que es fruto de una elección personal. En este caso, la soledad está acompañada de unas sensaciones de plenitud interior, bienestar y satisfacción emocional. Yo personalmente vivo esta soledad por mi creación literaria. Es una condición básica que me trae mucha felicidad. Escribo a página 127 de la novela El perro viaja conmigo: “Para mí, lo sabes, el sitio de Charco del Palo es lugar de felicidad de cada día con el paseo al amanecer y con imaginación narrativa. Cuando estoy allí mi cerebro va muy rápido y empiezan a vivir personajes e historias de pasión, todos los sentidos humanos se agitan y yo vivo otras vidas, otros amores, otros sexos.”
La soledad deseada es también una opción para afrontar condiciones psicológicas de particular relevancia como son los sentimientos de amor o el ahondamiento psíquico de la propia vida. Ejemplar con respecto a eso la condición de soledad querida del poeta italiano Francisco Petrarca del siglo XIV. En su poesía Solo y pensativo él declara que busca la soledad para ocultar su intenso amor por Laura. Esta soledad pero no es bastante porque su amor se transluce y, aun pasea por lugares aislados, montes, calles y ríos, incluso toda la naturaleza, saben de su amor y de su atormentada pasión por una mujer por la que se vuelve loco.
La soledad deseada quiere alimentar la satisfacción interior con la costumbre de una verdadera autonarración. Estar a solas es buscar un lugar adecuado para una conversación íntima con uno mismo. “Me levanto de la cama muy temprano al amanecer y, guardando profundo silencio, me voy a la cocina para calentar la cafetera, preparada la noche anterior, y disfrutar la espera de escuchar el soplo de agua vertiendo café en la caldera de la cafetera. Vierto la bebida caliente en una taza grande y me la llevo al aire libre, no sé, al balcón, la terraza o el jardín, donde me espera una cómoda tumbona. Me coloco allí y me tomo en absoluta tranquilidad esa taza de sabroso café, que obviamente anticipa el que le llevaré a mi esposa más tarde. Considero este primer café un privilegio porque estoy verdaderamente a solas conmigo mismo durante un tiempo libre para excelentes sensaciones. Mis pensamientos malos o buenos van libres y mi psique se vuelve loca” (Un lugar en el caos, pág. 131).
En resumen, podemos prescindir de todo excepto de contar historias, porque estamos hechos así, con un cerebro que es narrativo y a las neuronas les encanta contar historias.