Gesù risponde con voce ferma e chiara in modo che
tutti possano sentire: "Ho necessità di ritirarmi in preghiera.
Devo concentrarmi per parlare domani alle genti, devo
avere lo spirito del Padre mio per poter entrare nei cuori
e nelle menti. Mi ritirerò nei tuoi splendidi orti, e se anche
giunge l’eco delle genti, assolutamente non sarò disturbato,
anzi sarà uno stimolo alla mia ricerca nella preghiera.
Credo che resterò sveglio per tutta la notte. Mi faranno
compagnia le stelle e l’universo infinito, che sono l’immagine
del Padre. Io ti ringrazio, Simone. Ora so che sei un
uomo nuovo. Credo che la Legge per te acquisti adesso la
sua vera dimensione".
Simone, avvolgendo le braccia attorno al collo di Gesù,
lo bacia sulla guancia e gli sussurra all’orecchio: "Riconosco
in te il Messia, tu sei il Figlio di Dio!"
Gesù resta sorpreso da questa manifestazione improvvisa
e discreta di fede del padrone di casa, per cui annuncia:
"La fede e la preghiera sono espressione dell’animo
umano, che non ha bisogno né di forma né di riti. Non chi
dice Padre mio entra nel regno di Dio, ma chi fa la sua volontà!"
Mentre Gesù si sta allontanando dalla sala della cena,
diretto verso l’uscio che porta agli orti, Pietro gli si rivolge
e chiede: "Maestro, possiamo venire anche noi, perché
vorremmo anche noi, nell’attesa di domani, pregare
con te".
Gesù, fermandosi e rivolgendosi a tutti, dice: "Certo!
Potete tutti venire con me negli orti, vi insegnerò come
pregare il Padre che è nei cieli e dopo potrete ritirarvi nelle
vostre stanze a dormire, perché domani sarà una giornata
molto impegnativa".
"No, Maestro, noi ti saremo accanto e se il sonno ci
sorprenderà, dormiremo all’aperto sotto il cielo stellato.
Nessuno di noi ti abbandonerà."
Interviene anche la donna salvata dai peccati: "Mai potrò
abbandonare chi mi ha accolta, purificando la mia anima
e riportandomi alla mia dignità. Tu, Signore, sei la vera Salvezza.
E tutte le donne aspettano questa liberazione,
che è l’esaltazione della dignità femminile!"
Gesù entra negli orti illuminati da alcune fiaccole, che
i servi di Simone hanno prontamente acceso, una volta
conosciuta l’intenzione del Maestro. Egli si siede su una
grande pietra accanto al pozzo d’acqua, che viene utilizzato
per innaffiare le delicate piante nella loro crescita, mentre
i suoi discepoli, Simone e i suoi servi e la donna accolta
nel gruppo si dispongono attorno a Lui, in attesa di essere
preparati alla preghiera.
Gesù subito così parla: "Quando si prega, non bisogna
sprecare le parole, come capita ai gentili o seguire rituali,
che sono solo pratiche vuote e prive di efficacia. Il Padre
Nostro sa di quali cose abbiamo bisogno, prima ancora
che noi gliele chiediamo. La preghiera è un atto di fede,
una testimonianza d’amore verso Dio e poi verso gli uomini.
È predisporre lo spirito all’accoglienza e alla volontà
del Padre Nostro. Per questo, quando pregate, voi concentratevi
sulla Maestà divina, riconoscete la bellezza della
Vita e poi chiedete la soluzione dei problemi materiali,
poter avere il pane quotidiano, ma chiedete anche che il
perdono del Signore avvenga nei vostri confronti, così come
voi perdonerete chi vi ha arrecato offesa. Perché se voi
perdonerete agli uomini le loro colpe, il Padre Celeste perdonerà
voi. E infine pregate anche che vi aiuti a liberarvi
dai mali, che albergano nascosti nei cuori, l’egoismo, l’invidia,
l’odio!"
La mente e il cuore di tutti sono rivolti al Padre Altissimo.
Gesù è riuscito a creare la giusta tensione tra presente
e futuro, tra corpo e spirito, tra l’amore per la vita e per
gli altri. I pensieri diventano puri, l’animo si addolcisce e
la notte sorprende pian piano ciascuno concentrato su se
stesso. Ora il sonno fa chiudere palpebre stanche.
Gesù resta sveglio.
Hay dos formas de soledad: la no deseada y la soledad por elección. En mi novela Un lugar en el caos(ExLibric, 2024) el enfrentamiento entre el analista y el paciente, este último, en un exceso de polémica, hablando de la vejez, representa en manera rotunda que es propio en este periodo de la vida que aparece una soledad no deseada muy grave: “¿Dónde están los nietos a medida que crecen y los abuelos se ponen más viejos? La realidad es que los jóvenes evitan la vejez. Los viejos son feos de ver y resulta engorroso frecuentarlos. Los viejos tienen manías, obsesiones, siempre tienen que decir algo, y nunca ese algo es bueno. Por tanto, mejor evitarlos” (pág. 114).
La soledad no deseada es antes de todo aislamiento físico. Estás a solas, sin ver por largos días a alguien, sin intercambiarse con un amigo palabras aun sencillas. La soledad no deseada se nutre también con un sentimiento de exclusión y marginación. En el enfrentamiento analítico el paciente así describe un lugar que aparentemente quiere luchar contra la soledad de los ancianos: “La residencia de ancianos es un campo de concentración de decrepitud, de sufrimiento, de debilidad física y mental” (pág.112). La soledad no deseada comparece también en la vida de la pareja. Parece imposible que en la pareja hay la soledad, considerado que tiene una vida diaria junta. Todavía es propio así. Son dos mundos los de la pareja que a menudo se encuentran con muchas dificultades. También en la novela El perro viaja conmigo(ExLibric, 2024) este asunto de la soledad en la pareja está tratado. “Cruzar los deseos sexuales no es posible porque los mundos de sueños y fantasías eróticas de cada uno son impenetrables, puede que ni nosotros mismos conozcamos cuáles son. Por eso el logro del placer en el acto sexual es individual y cada amante queda solo consigo mismo” (pág. 64). Pero aún más preocupante es la soledad cuando la pareja envejece. La vida se pone como forzosa y los sentimientos más insoportables sustituyen los de amor y atracción sexual. Esta condición de sufrimiento es así descrita en la novela Un lugar en el caos, a página 118: “De la indiferencia a la insoportable presencia del otro, que muchas veces se transforma en aversión, cuando no en odio. La pareja así es un lugar de soledad, en vez de ser compañía y amistad.”
La soledad no deseada no es sólo un problema individual, privado, que concierne la vida de cada uno de nosotros en unos momentos de nuestra vida. Se trata de un verdadero desafío social, al que el Estado y las instituciones públicas tienen la responsabilidad de dar respuesta. La pérdida del empleo, la migración son condiciones que determinan sentimientos de malestar, que impactan en la salud mental y que provocan fuertes percepciones de aislamiento. Es la soledad de los que vemos como envueltos en una burbuja aislante y que viven por las calles, durmiendo en lugares improvisados como estaciones de tren o paradas de autobús.
En El perro viaja conmigo examino la condición de estos marginados después de encontrarme con un hombre de edad madura que daba vueltas con un perro a lo largo de senderos de Charco del Palo a Lanzarote. “De repente habría querido apartarme, pero luego pensé que no era correcto ignorar a un ser humano, como hoy ocurre con todos los marginados que no tienen voz ni palabras, ignorados, hasta que estallan. A menudo son trastornados, guardan silencio en su burbuja de invisibilidad. Se cubren la cabeza con una capucha hasta los ojos. Rebuscan furtivamente en los contenedores de basura, indigentes avergonzados con su carrito de la compra buscando comida. Los llamarías náufragos invisibles, fantasmas que habitan puentes, paradas y estaciones del metro, sin que los vemos” (pág. 97/98).
Sin embargo existe una soledad deseada, que es fruto de una elección personal. En este caso, la soledad está acompañada de unas sensaciones de plenitud interior, bienestar y satisfacción emocional. Yo personalmente vivo esta soledad por mi creación literaria. Es una condición básica que me trae mucha felicidad. Escribo a página 127 de la novela El perro viaja conmigo: “Para mí, lo sabes, el sitio de Charco del Palo es lugar de felicidad de cada día con el paseo al amanecer y con imaginación narrativa. Cuando estoy allí mi cerebro va muy rápido y empiezan a vivir personajes e historias de pasión, todos los sentidos humanos se agitan y yo vivo otras vidas, otros amores, otros sexos.”
La soledad deseada es también una opción para afrontar condiciones psicológicas de particular relevancia como son los sentimientos de amor o el ahondamiento psíquico de la propia vida. Ejemplar con respecto a eso la condición de soledad querida del poeta italiano Francisco Petrarca del siglo XIV. En su poesía Solo y pensativo él declara que busca la soledad para ocultar su intenso amor por Laura. Esta soledad pero no es bastante porque su amor se transluce y, aun pasea por lugares aislados, montes, calles y ríos, incluso toda la naturaleza, saben de su amor y de su atormentada pasión por una mujer por la que se vuelve loco.
La soledad deseada quiere alimentar la satisfacción interior con la costumbre de una verdadera autonarración. Estar a solas es buscar un lugar adecuado para una conversación íntima con uno mismo. “Me levanto de la cama muy temprano al amanecer y, guardando profundo silencio, me voy a la cocina para calentar la cafetera, preparada la noche anterior, y disfrutar la espera de escuchar el soplo de agua vertiendo café en la caldera de la cafetera. Vierto la bebida caliente en una taza grande y me la llevo al aire libre, no sé, al balcón, la terraza o el jardín, donde me espera una cómoda tumbona. Me coloco allí y me tomo en absoluta tranquilidad esa taza de sabroso café, que obviamente anticipa el que le llevaré a mi esposa más tarde. Considero este primer café un privilegio porque estoy verdaderamente a solas conmigo mismo durante un tiempo libre para excelentes sensaciones. Mis pensamientos malos o buenos van libres y mi psique se vuelve loca” (Un lugar en el caos, pág. 131).
En resumen, podemos prescindir de todo excepto de contar historias, porque estamos hechos así, con un cerebro que es narrativo y a las neuronas les encanta contar historias.