Può una follia essere sana, cioè essere tale che non danneggi l’uomo, anzi che sia di vantaggio per il suo benessere?
Ci viene in aiuto Erasmo da Rotterdam, che nel 1509 con l’Elogio della Follia ci spiega che la follia è alla base di ogni azione umana: la pazzia costruisce città, imperi, istituzioni ecclesiastiche, religioni, assemblee consultive e legislative: l’intera vita umana è solo un gioco, il semplice gioco della Follia.
La follia ci fa vivere, dà felicità, ci porta in luoghi di immaginazione e gioia.
Certo parliamo di una follia buona, quella che si manifesta ogni volta che una fortunosa lacuna della ragione libera lo spirito da ogni tipo di preoccupazione e lo inonda con una sensazione di piacere (Erasmo da Rotterdam).
Sulla scia di questa bellissima intuizione di Erasmo, Riccardo, il protagonista di questo romanzo, che potremo definire di formazione canina, esprime la sua follia nell’amore per il suo nuovo cane, Teddy. È un amore che si manifesta nell’assoluta libertà, con cui intende far crescere il suo cane, libero dal guinzaglio e da ogni altra regola di costrizione.
Teddy è un cane speciale, è l’emblema della gioia espressiva nell’esplosione dei suoi ritmi di gioco e dei suoi movimenti.
Ma questa modalità di relazione col cane si scontra con la razionalità lucida e rigorosa di Elisabetta, l’amica della moglie, che rappresenta la coscienza perbenista, pronta a condannare ogni sregolatezza ed ogni deviazione dal senso comune.
Ma non basta, perché Riccardo, accanto alla sua esplicita dichiarazione di adesione alla follia, sposa anche la causa dei filosofi sensisti in contrapposizione alla speculazione razionalista e vuole dimostrare come proprio questa corrente di pensiero di esaltazione dei sensi avvicini l’uomo agli animali, e quindi più che un’umanizzazione del cane vuole far emergere l’animale che è in ciascuno di noi.
Ma alla fine scopre che non tutto è così semplice, e che la quotidianità dei rapporti spesso nasconde aspetti, che difficilmente immaginiamo possibili dietro comportamenti umani ordinari.
Un romanzo ironico e filosofico, contraddittorio e visionario, che si presta a diversi piani di lettura.
I cani, dicono, vogliono solo giocare e mangiare. Non interessa altro. Non è vero! Bisogna cogliere la dimensione ricca e complessa della loro vita con l’uomo e l’amicizia che danno riguarda anche il gioco, e per l’uomo ciò può comportare la riscoperta di quella sfera ludica che attribuiamo soltanto all’età infantile, ma che può invece essere una dimensione costante dell’espressione di vita, in quanto può rappresentare la gioia del vivere e l’ottimismo vitale che la serietà adulta inesorabilmente allontana o riserva ad ambiti di evasione e a momenti organizzati e riconosciuti per il gioco.
(Gaetano Cinque, Tess amica mia, Europa Edizioni 2015)
Il Parson Russell Terrier è una razza canina britannica riconosciuta dalla FCI, discendente dal Fox Terrier fu selezionata dal reverendo John Russell nel diciannovesimo secolo.
Vita media: 13–15 anni
Categoria tassonomica: Varietà
Temperamento: Ardito, Obbediente, Energico, Felice, Impaziente, Intelligente
Peso: Maschio: 5,9–7,7 kg, Femmina: 5,9–7,7 kg
Altezza: Maschio: 34–38 cm, Femmina: 31–35 cm
Colori: Bianco e Nocciola, Tricolore, Bianco e Nero, Limone e bianco
Il Parson Russell Terrier per le caratteristiche morfologiche e di carattere, motivo per cui
è stato creato/selezionato, è un cane molto intelligente, indipendente, geniale, ostinato, rustico, robusto e molto coraggioso, gli piacciono le attività all'aria aperta e di conseguenza lo sport.
Essendo molto affettuoso
con il suo padrone e amando molto interagire con lui sa adattarsi a diversi stili di vita, quindi non disdegna la sedentarità e la tranquillità di una bella cuccia e/o poltrona, naturalmente alternata a delle regolari attività
fisiche e ludiche (passeggiate, giochi con palline ecc...).
Di conseguenza non sopporta di essere trascurato e messo da parte, perché facilmente potrebbe diventare molto dispettoso e "birichino", per questo motivo ci si deve impegnare ad essere il suo "Leader".
Senza dubbio possiamo affermare che, il Parson Russell Terrier è, come diceva una famosa pubblicità:
"... per molti, ma non per tutti"
Camminata sciolta, copre bene il suolo senza esagerazioni. Passi di buona lunghezza mai saltellanti e con arti troppo rilevati da terra. Le zampe posteriori danno buona spinta. Ben coordinato, movimento dritto, sia visto davanti che da dietro.
Hay dos formas de soledad: la no deseada y la soledad por elección. En mi novela Un lugar en el caos(ExLibric, 2024) el enfrentamiento entre el analista y el paciente, este último, en un exceso de polémica, hablando de la vejez, representa en manera rotunda que es propio en este periodo de la vida que aparece una soledad no deseada muy grave: “¿Dónde están los nietos a medida que crecen y los abuelos se ponen más viejos? La realidad es que los jóvenes evitan la vejez. Los viejos son feos de ver y resulta engorroso frecuentarlos. Los viejos tienen manías, obsesiones, siempre tienen que decir algo, y nunca ese algo es bueno. Por tanto, mejor evitarlos” (pág. 114).
La soledad no deseada es antes de todo aislamiento físico. Estás a solas, sin ver por largos días a alguien, sin intercambiarse con un amigo palabras aun sencillas. La soledad no deseada se nutre también con un sentimiento de exclusión y marginación. En el enfrentamiento analítico el paciente así describe un lugar que aparentemente quiere luchar contra la soledad de los ancianos: “La residencia de ancianos es un campo de concentración de decrepitud, de sufrimiento, de debilidad física y mental” (pág.112). La soledad no deseada comparece también en la vida de la pareja. Parece imposible que en la pareja hay la soledad, considerado que tiene una vida diaria junta. Todavía es propio así. Son dos mundos los de la pareja que a menudo se encuentran con muchas dificultades. También en la novela El perro viaja conmigo(ExLibric, 2024) este asunto de la soledad en la pareja está tratado. “Cruzar los deseos sexuales no es posible porque los mundos de sueños y fantasías eróticas de cada uno son impenetrables, puede que ni nosotros mismos conozcamos cuáles son. Por eso el logro del placer en el acto sexual es individual y cada amante queda solo consigo mismo” (pág. 64). Pero aún más preocupante es la soledad cuando la pareja envejece. La vida se pone como forzosa y los sentimientos más insoportables sustituyen los de amor y atracción sexual. Esta condición de sufrimiento es así descrita en la novela Un lugar en el caos, a página 118: “De la indiferencia a la insoportable presencia del otro, que muchas veces se transforma en aversión, cuando no en odio. La pareja así es un lugar de soledad, en vez de ser compañía y amistad.”
La soledad no deseada no es sólo un problema individual, privado, que concierne la vida de cada uno de nosotros en unos momentos de nuestra vida. Se trata de un verdadero desafío social, al que el Estado y las instituciones públicas tienen la responsabilidad de dar respuesta. La pérdida del empleo, la migración son condiciones que determinan sentimientos de malestar, que impactan en la salud mental y que provocan fuertes percepciones de aislamiento. Es la soledad de los que vemos como envueltos en una burbuja aislante y que viven por las calles, durmiendo en lugares improvisados como estaciones de tren o paradas de autobús.
En El perro viaja conmigo examino la condición de estos marginados después de encontrarme con un hombre de edad madura que daba vueltas con un perro a lo largo de senderos de Charco del Palo a Lanzarote. “De repente habría querido apartarme, pero luego pensé que no era correcto ignorar a un ser humano, como hoy ocurre con todos los marginados que no tienen voz ni palabras, ignorados, hasta que estallan. A menudo son trastornados, guardan silencio en su burbuja de invisibilidad. Se cubren la cabeza con una capucha hasta los ojos. Rebuscan furtivamente en los contenedores de basura, indigentes avergonzados con su carrito de la compra buscando comida. Los llamarías náufragos invisibles, fantasmas que habitan puentes, paradas y estaciones del metro, sin que los vemos” (pág. 97/98).
Sin embargo existe una soledad deseada, que es fruto de una elección personal. En este caso, la soledad está acompañada de unas sensaciones de plenitud interior, bienestar y satisfacción emocional. Yo personalmente vivo esta soledad por mi creación literaria. Es una condición básica que me trae mucha felicidad. Escribo a página 127 de la novela El perro viaja conmigo: “Para mí, lo sabes, el sitio de Charco del Palo es lugar de felicidad de cada día con el paseo al amanecer y con imaginación narrativa. Cuando estoy allí mi cerebro va muy rápido y empiezan a vivir personajes e historias de pasión, todos los sentidos humanos se agitan y yo vivo otras vidas, otros amores, otros sexos.”
La soledad deseada es también una opción para afrontar condiciones psicológicas de particular relevancia como son los sentimientos de amor o el ahondamiento psíquico de la propia vida. Ejemplar con respecto a eso la condición de soledad querida del poeta italiano Francisco Petrarca del siglo XIV. En su poesía Solo y pensativo él declara que busca la soledad para ocultar su intenso amor por Laura. Esta soledad pero no es bastante porque su amor se transluce y, aun pasea por lugares aislados, montes, calles y ríos, incluso toda la naturaleza, saben de su amor y de su atormentada pasión por una mujer por la que se vuelve loco.
La soledad deseada quiere alimentar la satisfacción interior con la costumbre de una verdadera autonarración. Estar a solas es buscar un lugar adecuado para una conversación íntima con uno mismo. “Me levanto de la cama muy temprano al amanecer y, guardando profundo silencio, me voy a la cocina para calentar la cafetera, preparada la noche anterior, y disfrutar la espera de escuchar el soplo de agua vertiendo café en la caldera de la cafetera. Vierto la bebida caliente en una taza grande y me la llevo al aire libre, no sé, al balcón, la terraza o el jardín, donde me espera una cómoda tumbona. Me coloco allí y me tomo en absoluta tranquilidad esa taza de sabroso café, que obviamente anticipa el que le llevaré a mi esposa más tarde. Considero este primer café un privilegio porque estoy verdaderamente a solas conmigo mismo durante un tiempo libre para excelentes sensaciones. Mis pensamientos malos o buenos van libres y mi psique se vuelve loca” (Un lugar en el caos, pág. 131).
En resumen, podemos prescindir de todo excepto de contar historias, porque estamos hechos así, con un cerebro que es narrativo y a las neuronas les encanta contar historias.